Mostrando entradas con la etiqueta motivación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta motivación. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de octubre de 2021

LA HISTORIA DE CHISPA Y COCO



Coco se acostumbró a maltratar a Chispa, a pesar que tenía a su fiel amigo desde que era un cachorro de apenas un mes. No más lo vio, se enamoró de su rabito alegre, y de sus ojitos que le parpadeaban como soñolientos. Era muy tierno, dulce. Se convertiría en su gran amigo.

Después de tres semanas, Chispa ya podía correr divertidamente, no con toda pericia, pero a Coco le encantaba verlo correr tras él, sacar su lenguita rosada y jadeante. Sus patitas cortas parecían correr a prisa, pero era poco lo que avanzaba. Pobre Chispa, sentía que conquistaba el mundo al lado de Coco. Eran realmente felices.
Cuando el tiempo fue pasando, ambos, Coco y Chispa, crecieron. La fiel mascota solía echarse a los pies del joven, y si él se movía a otro lado de la casa, Chispa lo seguía. Era la sombra se su dueño. Sin embargo, y a pesar de la fidelidad que el otrora cachorro demostraba, su joven amo había cambiado, parecía ya no disfrutar como antes de la compañía de Chispa, y aunque un perro no puede hablar, no es necesario, su mirada reflejaba tristeza, emociones de abandono.
Pronto llegó el maltrato, a Coco le incomodaba que aquella mascota estuviera casi siempre a sus pies. Llegó a sentir tanto fastidio, que un día decidió ponerle al cuello una cadena, y sujetarlo a un árbol en el patio de la casa aquella. No hace falta decir que el pobre animal lloró toda la noche, no conocía lo que era una prisión tan espantosa, y aunque Coco no estaba sordo, fue indiferente al llanto del compañero de su niñez. Pobre Chispa.
A medida que el tiempo fue pasando, el pobre perro fue acostumbrándose a su prisión. Estaba expuesto a la lluvia, al sol, al frío por las noches. Al ver su rostro, uno podía adivinar la depresión de Chispa, pero también se me ocurre decir que aquel animal sentía melancolía, y si los perros piensan o recuerdan como nosotros, de seguro que allí, echado en el abandono de aquel patio, Chispa repasaba en sus recuerdos los momentos felices, sus días de cachorro, cuando sí se sentía amado, y sentía que el universo les pertenecía a él y a Coco.
Cuando el joven salía a poner el alimento en el plato del perrito, este sentía emoción por ver a su amo, se levantaba, movía su cola, y procuraba cariño de parte de su amigo. Pero Coco se había convertido en otro, frío, olvidadizo de la amistad, y como si fuera poco, constantemente golpeaba al indefenso animal, ordenándole silencio. Ahora Coco era una persona cruel.
No me pregunten cómo fue, pero un día pasó algo que cambiaría la historia de estos dos: Coco se convirtió en Chispa, y Chispa se volvió Coco. No sé cómo pasó, pero así fue. Por supuesto, cuando el muchacho se vio convertido en perro, sintió terror, se llenó de espanto, y le ladraba a Chispa, que ahora era Coco, que lo soltara, que lo ayudara, pero claro, Coco-Chispa no entendía los ladridos de Chispa-Coco que suplicaba por libertad.
Al ver que no volvía a la normalidad, Chispa-Coco terminó aceptando que ser perro sería su destino para siempre, y claro, sintió temor, pues pensó que Coco-Chispa ahora se vengaría por todo el sufrimiento que él le había hecho pasar los últimos 5 años. Pero su sorpresa fue grande cuando vio salir a Coco-Chispa con un plato de comida para alimentarlo. Le dio agua, lo acarició, le habló con afecto a aquel muchacho convertido en perro. Los temores de recibir la venganza del perro hombre se esfumaron, y en ese momento, Coco, que ahora era Chispa, comenzó a recordar cuando corría con su pequeña mascota, cuando jugaban en el patio y por la casa, cuando caminaban por el parque y las praderas. En ese momento vinieron a la mente de Coco esos bellos momentos vividos junto a Chispa, y una ráfaga de arrepentimiento vino a su corazón, por haber maltratado tanto los últimos años a su fiel amigo.
Tampoco lo sé, pero por alguna razón, en ese momento de arrepentimiento, Coco volvió a su estado humano, y Chispa volvió a ser can. Cuando el cambio se dio Coco vio a su fiel amigo encadenado a aquel árbol, lo soltó enseguida, y abrazándolo, y con un fuerte llanto, Coco le dijo a Chispa: ¡Perdóname, amigo, perdóname! Nunca más volveré a maltratarte. ¡Perdóname, por favor! El rostro de Chispa se iluminó con alegría, y lamió a su amo con mucha emoción.

BASTA CON QUE EL DISCÍPULO SEA COMO SU MAESTRO

Supe que era él con tan solo verlo. Su forma de caminar era inconfundible.   Su mirada era estable y profunda, y su personalidad transmitía ...